miércoles, 15 de enero de 2014

La globalización

En la asignatura de economía, hemos tratado en diversas ocasiones el tema de la globalización, y más en profundidad en el último debate que hemos realizado. En las lineas que vienen a continuación, se analizará que implica que el termino y que beneficios ha traído para nuestra sociedad.



Del mismo modo que el capitalismo fue originalmente un término peyorativo más que un elogio o una simple descripción, la palabra globalización se utiliza más a menudo para criticar que para alabar la economía mundial del siglo XXI. Evoca imágenes de talleres de trabajo esclavo en Malasia, centros de atención de llamadas en Bangalore, minas en Brasil y sucursales de Starbucks y McDonald’s por todo el mundo.
Todo lo anterior es consecuencia de la globalización, pero describir el fenómeno en semejantes términos sería engañoso. En economía, la globalización designa los vínculos comerciales y económicos que tienden puentes en el mundo y que tan provechosos han sido a lo largo de la historia humana.

Factores clave para la globalización

La globalización más reciente se sostiene en cinco factores clave:

El libre comercio. Los gobiernos del mundo entero han derribado un gran número de importantes barreras y aranceles sobre las importaciones y las exportaciones. Por ejemplo, después de adoptar reformas de libre mercado a finales de la década de 1980 y comienzos de la siguiente, China eliminó muchas restricciones que limitaban sus mercados de exportación. Debido al tamaño colosal de su población y, en consecuencia, al bajo coste de la mano de obra, esto se tradujo en una llegada masiva a las naciones ricas de artículos baratos producidos en el país y sus países vecinos.
La externalización. Las compañías han logrado ahorrar dinero trasladando la producción de sus bienes y servicios a lugares del extranjero donde ésta resulta más económica. Muchos fabricantes han cerrados sus plantas en Estados Unidos, el Reino Unido y Europa para trasladarlas a China, México y otros países, donde los trabajadores están dispuestos a aceptar salarios más bajos y las condiciones laborales son con frecuencia peores. Muchas compañías de servicios han reubicado sus centros de atención de llamadas en India y otros lugares en los que hay abundantes licenciados que hablan inglés con fluidez.
La revolución de las comunicaciones. Dos importantes revoluciones han engrasado las ruedas del comercio internacional. La primera fue el avance en el transporte mundial de mercancías que permitieron los contenedores de medidas estandarizadas, lo que redujo tantos los costes como el tiempo de los envíos. La segunda fue la revolución de la banda ancha. A finales de la década de 1990, las compañías gastaron miles de millones en una nueva red internacional de cables de fibra óptica. Pese al estallido de la burbuja de las empresas punto com poco después, esta red global de superautopistas de la información proporcionó a millones de personas una conexión a Internet rápida y barata.
La liberalización. Muchos países que durante la guerra fría habían procurado mantener sus fronteras cerradas e impedido los contactos con el extranjero, fueron animados a abrirlas. Esto permitió a las compañías occidentales entrar a nuevos mercados. La eliminación de los denominados controles a la circulación de capitales hizo que el dinero pudiera entrar y salir libremente de estas economías jóvenes en una forma en la que nunca antes había sido posible. Entre tanto, los gobiernos del mundo desarrollado facilitaron la contratación y el despido mediante la relajación de las leyes laborales.
La armonización jurídica. Los países de todo el mundo han realizado esfuerzos para alinear sus leyes sobre derechos de propiedad y propiedad intelectual de modo que, por ejemplo, una patente presentada en Estados Unidos tenga reconocimiento en China y viceversa. Entre los planes futuros se encuentra el establecimiento de unos estándares internacionales sobre la calidad de las mercancías, para evitar que vuelvan a producirse incidentes recientes en los que se descubrieron ciertos productos potencialmente nocivos procedentes de China y otros países.

Beneficios de la globalización.

La globalización ha hecho a miles de millones de personas de todo el mundo significativamente más ricas. Las economías de países como Brasil, India y China han recibido un potente impulso gracias al aumento sin precedentes de sus exportaciones. Además, la entrada de este nuevo grupo de exportadores redujo la inflación mundial durante casi una década a partir de 1997, pues las compañías aprovecharon la oportunidad para reducir costes y los consumidores se beneficiaron del ahorro resultante.
De hecho, hay muchas pruebas que sugieren que la globalización fue en gran medida responsable de lo que se conoce entre los economistas como la «gran estabilidad» de los aproximadamente quince años previos a 2007. Durante ese período, la economía mundial creció más rápido y durante más tiempo que nunca antes, y la inflación permaneció baja y estable. Es cierto que a esto le siguió una crisis financiera de enormes proporciones, pero ésta se debió en gran medida a otros factores.

Me gustaría terminar con una cita a modo de conclusión que me ha resultado interesante:

"La globalización es la adrenalina del capitalismo"

domingo, 12 de enero de 2014

El coste de oportunidad

Hoy mismo, me encontraba leyendo los apuntes de economía cuando me ha entrado la inquietud respecto este tema. A decir verdad estaba leyendo la diferencia entre precio y coste. Como precio es lo que pagamos por algo y el coste es lo que realmente vale.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre que camino seguir en la vida. Muchas veces es difícil analizar el coste de oportunidad de las acciones que realizamos con el fin de intentar optar por "la mejor".


En las siguientes lineas analizaremos con unos casos prácticos el coste de la oportunidad.

Por más ricos e influyentes que seamos, nunca tendremos tiempo suficiente a lo largo del día para hacer todo lo que queramos. La economía se ocupa de este problema a través de la noción de coste de oportunidad, que sencillamente plantea la cuestión de si nuestro tiempo o dinero estarían mejor invertidos en otro lugar.

Cada hora de nuestro tiempo tiene un valor. Cada hora que dedicamos a un empleo dado podría, con cierta facilidad, utilizarse de forma diferente, ya sea en otro trabajo, en dormir o en ver una película. Cada una de estas opciones tiene un coste de oportunidad diferente, a saber, lo que nos cuestan en oportunidades perdidas.

Supongamos que queremos ver un partido de fútbol. La primera posibilidad es ir al campo, pero las entradas son caras e ir y volver del estadio nos tomará un par de horas de mucho tráfico. ¿Por qué no mejor, podríamos razonar, lo vemos en casa y usamos el dinero y el tiempo que ahorramos en cenar con unos amigos? Eso es el coste de oportunidad: el uso alternativo de nuestro tiempo y dinero.
Otro ejemplo nos lo proporciona la decisión de ir o no a la universidad. Por un lado, habría que tener en cuenta que los años dedicados al estudio reportan abundantes recompensas, tanto en términos intelectuales como sociales, como el hecho de que los licenciados tienden a disponer de mejores oportunidades laborales. Por otro, habría que considerar los costes de las matrículas, de los libros y del trabajo que es necesario realizar para aprobar cada curso. Sin embargo, esta forma de plantear el problema pasa por alto el coste de oportunidad: los tres o cuatro años que pasamos en la universidad podrían dedicarse fácilmente a un empleo remunerado, en el que además de dinero en efectivo ganaríamos una valiosa experiencia laboral que mejoraría nuestro curriculum.

Me resulta, dicho coloquialmente, "una locura" poder atender a tantas cuestiones que suponen el coste de oportunidad. Desde la carrera que estudiar, las prácticas que realizar y en un futuro el trabajo al que dedicarse, la casa y coche que comprarse...

Esperemos que las elecciones que realicemos sean lo más acertadas posibles en cada momento.


sábado, 11 de enero de 2014

La teoría del más tonto = Bitcoin

Hoy trataremos la relación que existe entre la situación que se está dando con el Bitcoin y la teoría del más tonto.



La teoría del más tonto tiene cierta relación con el concurso de belleza, describe una situación en la que el precio de un objeto no está siendo impulsado por los valores intrínsecos, sino por las expectativas de que suba de valor.  Un precio puede justificarse por un comprador racional bajo la creencia de que la otra parte está dispuesta a pagar un precio aún más alto. Nada más. Dicho de otra manera,  uno puede racionalmente tener la expectativa de que el artículo puede ser revendido a uno “más tonto”, más adelante.
Esta teoría es aplicable a cualquier activo financiero, el más clásico es el de la bolsa en donde alguien (generalmente el más tonto) compra acciones de una empresa porque suben, sin mirar ningún dato de la misma. La burbuja de las .com fue un ejemplo excelente, se invertía en empresas que no se sabía bien lo que hacían y carecían de modelo de negocio. El mercado del Arte ocurre algo similar, el precio de la obra muchas veces corresponde al precio que se piensa pueda alcanzar en un futuro.
En la actualidad, ocurre algo parecido con el Bitcoin. A continuación se muestra una gráfica ilustrativa que lo compara con el precio del oro.

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En el mercado inmobiliario la teoría del tonto puede impulsar la inversión bajo la expectativa de que los precios van a subir en el que los compradores se comportan de manera irracional en parte por estar mal informados. Este fenómeno es contagioso y hace que los bancos que ofrecen financiación inmobiliaria, concedan una hipoteca porque piensan que siempre habrá uno más tonto que al que están prestando el dinero.
Si realmente quieres ganar dinero (o no perderlo) en el largo plazo a través de la inversión, es necesario desarrollar un poco de una actitud contraria, no dejarse atrapar en la atracción magnética de la opinión pública y entender en lo que estás invirtiendo. Si no, lo más probable es que seas tu el más tonto.
He de aclarar que no tengo ni la menor idea en temas de inversión. Aun así, en caso de querer hacerlo algún día, siempre me informaría en profundidad de la materia como deberíamos hacer todos.
Esto me recuerda lo que comentamos una vez en clase de Economía. Nuestro profesor Alex, nos hacia ver como incluso para firmar una hipoteca que nos llevará una infinidad de años, la mayoría de la gente firma sin ni siquiera leerla. 
Comencemos a interesarnos e informarnos un poco más, además de intentar no ser tan impulsivos. En caso contrario, a largo plazo nos tendremos que arrepentir.

Reflexión del día

Muchas han sido las veces que hemos comentado en clase el famoso Plan E.


"Teóricamente" buscaba impulsar la actividad económica del país, movilizando grandes cantidades de dinero público, para hacer frente a la crisis económica originada tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y financiera global en 2007.

Reitero la idea de teóricamente porque la conclusión final han sido aceras y plazas nuevas o renovadas. Luego nos quejamos de que invertimos el dinero en bienes no exportables.

Para colmo, esta misma mañana he visto lo que a mi entender es el equivalente pero en Bilbao:


Se trata de una inversión de 1.124.823,22 euros para la reparación integral del Grupo Etxebarria. No soy quien para entrar a juzgar si es necesario o no, pero encuentro muchas similitudes con el plan E comentado previamente. 
Queda a juicio de cada uno hacer sus propias reflexiones al respecto.

viernes, 10 de enero de 2014

La mano invisible

El otro día, de casualidad, di con el libro "50 cosas que hay que saber sobre economía" de Edmund Conway.


Trata cuestiones generales relacionadas con la economía de manera bastante amena.
El primero de los capítulos habla sobre "la mano invisible" que comentaba Adam Smith en su día. 
La «mano invisible» es una forma de referirse a la ley de la oferta y la demanda y explica cómo el tira y afloja de estos dos factores sirve para beneficiar a toda la sociedad. La idea básica es la siguiente: no hay nada malo en que la gente actúe por propio interés. En un mercado libre, las fuerzas combinadas de todos los actores que buscan promover sus intereses individuales benefician a la sociedad en su conjunto y enriquecen a todos sus miembros.”

En su obra maestra de 1776, La riqueza de las naciones, Smith únicamente utiliza la expresión en tres ocasiones, pero un pasaje clave subraya su importancia:

Ningún individuo pretende promover el interés público, ni sabe en qué medida lo promueve… al dirigir su industria de tal manera que su producción tenga el mayor valor posible, busca sólo su beneficio personal, y en esto, como en muchas otras circunstancias, le conduce una mano invisible para promover un fin que no formaba parte de sus intenciones […] Al buscar su propio interés, con frecuencia promueve el de la sociedad de forma más eficaz que cuando se propone hacerlo de modo consciente. Nunca he visto hacer tanto bien a quienes dicen dedicarse al bien público.

El propio interés comentado se podría relacionar con el egoismo afin al ser humano que tantas veces hemos tratado en clase. Lo increíble que encontré es cómo ese egoismo puede ser beneficioso para la sociedad.

A continuación presentaré un ejemplo para reforzar este argumento.

En el caso de un inventor, Thomas, a quien se le ha ocurrido una idea para un nuevo tipo de bombilla que es más eficiente, más duradera y más brillante que el resto. Thomas lo ha hecho para satisfacer su propio interés, con la esperanza de hacerse rico y, quizá, famoso. La consecuencia de ello será el beneficio de la sociedad en su conjunto: se crearán puestos de trabajo para los encargados de fabricar las bombillas y se mejorará la vida (y los cuartos de estar) de quienes las compren. Si no existiera demanda para las bombillas, nadie las compraría, y la mano invisible le habría dado un correctivo severo a Thomas por haber cometido semejante error.
De forma similar, una vez que Thomas ha montado su negocio, es posible que al verle enriquecerse otros intenten superarle diseñando bombillas más brillantes y mejores y consigan también hacerse ricos. Sin embargo, la mano invisible nunca duerme, y Thomas responde a sus competidores bajando el precio de sus bombillas para garantizar que sus ventas sigan siendo mayores que las de los demás. Los consumidores, encantados, se benefician de bombillas cada vez más baratas.
En cada etapa del proceso, Thomas actuará de acuerdo con sus propios intereses, no en pos de los intereses de la sociedad, pero el resultado, aunque vaya contra nuestra intuición, es el beneficio de todos. En cierto sentido, la teoría de la mano invisible tiene cierta semejanza con la idea matemática de que la multiplicación de dos cantidades negativas da como resultado una cifra positiva. Cuando sólo una persona actúa por propio interés y el resto lo hace por altruismo, la sociedad no se beneficia en absoluto.





jueves, 9 de enero de 2014

Comenzamos...


Comencemos con un corto pero muy certero video de la mano de Aleix Saló. Para poder tratar otros temas debemos introducir y entender la situación en que nos encontramos.




Lo que empezó siendo, a principios de los años 2000, el inicio de una prometedora época de bonanzas económicas y libertades sociales ha acabado por mostrarse ante nuestros ojos como un monumental engaño. Un engaño, a la postre, tan burdo como el timo de la estampita.

Analizándolo ahora con cierta prespectiva, podemos apreciar como, mientras la clase media nos recreabamos en el hedonismo low-cost, la élite en el poder se afanaba en afianzar su dominio sobre nuestras vidas, hasta consolidar una suerte de neo-feudalismo disfrazado de capitalismo meritocrático. Porque, no sé si os habréis percatado, pero si vivieramos en un capitalismo real la mayor parte del lobby empresarial y financiero estaría ahora pidiendo limosna en las esquinas (cuando no entre rejas) por culpa de su ineptitud a la hora de gestionar sus negocios. Y si eso no ha sucedido es porque han recurrido a todas las posibles trampas y atajos a que han tenido acceso, con la inestimable ayuda de una clase política mediocre y untada hasta las cejas. Lo peor de todo es que tales trampas (evasión de impuestos, condonaciones de deudas millonarias, sobornos, cohecho…) son perpetradas con tal indisimulo que nos harían enrojecer si no fuera porque ya forman parte del ADN de este país.
Superada la década, y ya en pleno año 2011, lo único que le ha quedado al ciudadano de base es una larga lista de recortes sociales y penurias económicas. La brecha entre ricos y pobres ya no es una brecha, es un abismo. Ya no hay clase media, solo mileuristas. Y por no poder, ya ni siquiera podemos recurrir a la cultura del esfuerzo para progresar, pues ésta ya no es válida en una sociedad que premia el trilerismo por encima de todo.